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Los Blacksburg

🔒 Ceremonia de Iniciación

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2do. Libro, continuación de ¿Quién es Victoria Blacksburg?

*Para aquella persona que ha puesto pedazo de ella en mi vida,

Que brilla inclusive en los momentos más oscuros de su vida.

Que es un alma libre, que siempre va en busca de su libertad.*

Año 825 a, d C.

Dasco, era la ciudad habitada solamente por humanos comunes, al no tener un líder que les dijera lo que debían de hacer y lo que no, se vieron en la tarea de buscar un líder, pero no cualquier líder, sino uno que tuviera todo lo que ellos quería, fuerza, mandato, un físico estupendo, en aquel pueblo vivía una pareja que tenía lo que ellos buscaban, sabían sus nombres, y los habían visto una vez, pero no eran tan presentes en las reuniones que hacían, los pueblerinos, caminaron hasta aquella casa, que quedaba después de sus huertos, alejadas de ellos, pero dentro de su territorio, golpearon con fuerza la puerta.

―Gloxdor Blacksburg, sal de ahí ―gritó Kandla la anciana del pueblo.

― ¿Qué es lo que desean en mi casa? ―preguntó Gloxdor molesto llegando de cazar.

―Todos lo hemos decidido queremos que usted sea nuestro líder ―respondió uno de la muchedumbre.

―Realmente quieren que yo sea su líder ―habló con una pequeña sonrisa en su rostro.

―Si, tiene todo lo que buscamos para la persona que sea nuestro líder, tiene fuerza, está en excelentes condiciones y tiene voz de mando, además de inteligencia ―respondió uno de la muchedumbre.

― ¿Le gustaría ser nuestro líder Gloxdor Blacksburg? ―preguntó Kandla.

―Si es lo que ustedes desean, así será ―respondió, una gran sonrisa había en el interior de Gloxdor al saber que aquellas personas no sabían con qué tipo de persona trataban.

―Entonces, no se diga más usted será nuestro líder, cuando la luna haya salido haremos la ceremonia de reconocimiento cómo nuestro líder ―informó marchándose de ahí con todos los demás.

Gloxdor entro a su casa, para asegurarse que Dalith estuviera bien y lo estaba, la noche anterior había sido herida con una trampa de oso, al momento que iba tras un ciervo.

―Te he traído esto, quédate aquí hasta que te hayas mejorado, yo saldré a cazar y me preocupare por las demás cosas, por cierto, tengo una buena noticia las personas del pueblo quieren que sea su líder, por lo tanto, he aceptado ―comentó con cierta alegría.

―Pero que locuras dices Gloxdor, tenemos una manada de la que debemos de hacernos cargo y ahora de estas personas ¿te has vuelto loco? ―preguntó Dalith

―No, Dalith, no me he vuelto loco, pero creo que es una gran oportunidad para volver a este pueblo en uno de los nuestros ―sonrió lleno de felicidad.

― Sabes que cuando nos transformaron en esto que somos ahora, nos dijeron que no podíamos volver a quienes quisiéramos en hombres lobos que eso dependería solamente de ellos y no de nosotros ―respondió.

―Vamos Dalith ¿qué no vez está gran oportunidad que tenemos frente a nosotros de volver a más personas en nuestros aliados? ―sonrió.

―No, esto no es una oportunidad, Gloxdor, tenlo por seguro que si estas personas supieran lo que somos no vendrían aquí a pedirte que fueras su líder ―respondió. ―Al contrario, estarían de camino aquí con antorchas y una inmensa horda de ellos enfurecidos para acabar con nuestras vidas ―expresó en un arranque de miedo.

―Deja a un lado tu preocupación y ocúpate de curarte de esa herida ― protestó.

―No me digas que debo hacer y que no debo de hacer, Gloxdor, eso me molesta ―soltó.

―Cómo quieras ―habló cerrando la puerta de golpe.

La noche había caído, era una noche diferente a todas las que habían pasado en casi mil años, el cielo estaba despejado, el viento frío iba y venía delicadamente haciendo que los árboles bailaran a su ritmo, los cuervos raramente cantaban una terrible canción, pero armoniosa ante los oídos de Gloxdor, el cielo estaba despejado, había una lluvia de estrellas y con ellas una inmensa luna azul, lo que era extraño de verse, solamente habían visto lunas rojas y amarillas, pero jamás una luna azul, aquello estremeció el cuerpo de todos los presentes hasta los huesos y las entrañas, era momento de empezar la ceremonia de reconocimiento.

<<Heude Abend Sind wir hier versammelt, um die Anerkennungszeremonie für unseren neuen Führer abzuhalten, dem wir unser Leben und unsere Seele geben werden, um uns und uns vor ihm zu schützen>>

Aquellas palabras eran su oración, su oración de la ceremonia de iniciación, al igual que era un pacto con el más allá, Gloxdor no entendía muy bien la lengua en la que estaban hablando, el viento era más fuerte y frío la luna brillaba con mayor intensidad, aceptando la ceremonia de iniciación y a su nuevo líder.

―Gloxdor Blacksburg, desde está noche ante está extraña y bella luna azul y ante nuestros ancestros y espíritus eres nuestro líder, por lo tanto, deberás de saber que no puedes matarnos, a ninguno de nosotros, ellos, nos protegen y si lo haces te atormentaran por toda tu vida, te buscarán y acabaran contigo, nadie sabrá lo que te sucedió, solamente tú, te llevarán a las profundidades de los bosques y te destrozaran ―expresó Kandla.

Los ojos de Gloxdor se abrieron ante lo sorprendido que se encontraba por las palabras que aquella vieja le había dicho, sabía que no podía llevar su plan acabo a menos que ellos se lo permitieran, pero aquello parecía imposible. Le dieron un cetro, el cuál al tomarlo sintió como si unas cadenas se ataran a su cuerpo y encadenaran su alma en aquel lugar.

―Dalith tenía razón ―murmuró.

― ¿Has dicho algo? ―preguntó Kandla.

―No señora, solo que estoy orgulloso de ser su líder ―fingió una sonrisa.

Después de la ceremonia lo llevaron al salón, habían preparado un banquete para él. No iba a quedarse con la duda así que decidió echar un vistazo a la infraestructura de aquel sitio, los 4 pilares eran troncos, gruesos y antiguos que habían sido enterrados por varias personas en las cuatro esquinas, tenían detalles hechos a manos, lo que despertó aún más la curiosidad de Gloxdor, el techo estaba hecho de paja, capa tras capa de paja para que las fuertes lluvias de aquella época no traspasara al interior, el fuerte viento azotaba con inquietud la puerta de pieles que había en aquel lugar, al ser el Gran salón tenía que ser diferente a todo lo demás de aquel pueblo, por lo cual tenía al final de una línea de pieles negras que estaban en la tierra un trono de madera, diseñado solamente para los líderes, en la cabecera sobresalían tres puntas afiladas de las cuales mantenían tres cráneos de diferentes personas perforados con exactitud en el centro; Gloxdor quedó atónito ante aquella imagen, no sé esperaba que las mismas personas que horas antes le habían hecho un ritual para que él no las matara; ellos se encargarán de matar a personas acaso se trataba de … << ¿un ritual antiguo? >> fue lo primero que pensó, pero no podía creer en aquella posibilidad de que esas personas hicieran algo tan descabellado, no iba con su naturaleza… su naturaleza era, cazar animales, traer comida para su familia, procrear, hacer negocio con los visitantes de las demás aldeas del alrededor, pero no acabar con personas. Un sonido de cadenas lo sacó de sus pensamientos, miró hacia el frente una mujer de unos veintitantos años estaba frente a él, o al menos esa era la edad que aparentaba, encadenada de manos y pies, sumamente golpeada, no tenía las uñas de las manos y de los pies, traía una mordaza en la boca, con la cual se podía ver que le habían sacado todos los dientes.

―Ella, es una bruja, para nuestro líder traemos lo mejor, esto es parte también del ritual que hacemos cada que ubicamos a un nuevo líder en ese antiguo trono ―expresó Kandla fervientemente.

― ¿Por qué unas personas cultas cómo ustedes hacen este tipo de sacrificios? ―preguntó.

―Porque es parte de lo que somos, parte de nuestros ancestros lo hacían y es nuestro deber como sus sucesores hacer algo para nuestra señora de la luna Jarknak nuestra primera líder y nuestra diosa lunar ―respondió mientras sus ojos brillaban de emoción.

 ― ¿Diosa lunar? ―preguntó aún más confundido.

―Si Gloxdor, verla a ella, era como mirar a la misma luna, su piel albina, cabello blanco, ojos rojos, fuerza inhumana, ella era nuestra líder, la bautizamos con el nombre de Jarknak, ya que ella jamás nos dijo su verdadero nombre ―mencionó.

Gloxdor no entendía muy bien qué tipo de personas sería tan exóticas a cómo lo había sido Jarknak, pero si sabía algo, es que las personas diferentes eran creadas con un propósito mucho mayor al de los humanos.

―Ahora señor Gloxdor, ya que no tiene más preguntas para nosotros queremos entregarle este sacrificio a nuestra señora Jarknak y a usted cómo nuestro nuevo líder ―sonrió.

Gloxdor sacudió la cabeza, las personas alegremente empezaron a girar alrededor de aquella mujer cantando una canción en aquella lengua que era poco comprensible para Gloxdor, quería que terminaran lo más pronto posible con aquel ritual, quería salir corriendo a contarle sobre aquello a Dalith, pero no podía creer, las torturas hacia las personas era algo que él disfrutaba tanto. Las antorchas que mantenían aquel lugar iluminado se apagaron debido a un fuerte viento que azotó la puerta de pieles, Kandla, se colocó frente a la mujer, un pequeño taburete estaba frente a ella, el cual tenía cuchillos oxidados, tijeras que habían robado a algún comerciante, sogas y… una copa, una maldita copa, nada de aquello pintaba algo lindo, pero aun así no sé atrevería a detenerlos. Trajeron una mesa con líneas en su interior, talladas a manos con sumo cuidado, subieron a la mujer en la mesa y Kandla tomó con fuerza la mano de ella, una macabra sonrisa había en el rostro de aquella mujer, con una hacha empezó a cortar las falanges distales, medias y proximales, con un cuchillo pequeño, empezó a despegar la carne del hueso, cortando el metacarpo y el carpo con sumo cuidado, la sangre empezaba a recorrer los relieves de aquella mesa, hasta llegar a un hueco dónde habían colocado la copa para que recogiera la sangre de aquella mujer. Una vaga idea pasó por la mente de Gloxdor quién pensó que aquella sangre la estaban recogiendo para él, una pequeña risa de burla se escapó de sus labios, todos voltearon para verlo, pero él ordenó que siguieran en lo suyo. Aquella mujer aún seguía con vida, Kandla era la encargada en hacerla sufrir, al momento en que cortó ambas manos de la mujer las ató con las cuerdas para que no siguiera sangrando, Kandla caminó hasta el rostro de la mujer, con una faja sujetó la frente y el mentón para que no pudiera moverse, desprendiendo la carne del rostro. Es verdad que Gloxdor era un asesino despiadado, pero no a tal punto cómo lo eran aquellas personas, el destrozaba y mutilaba a sus enemigos, no a personas inocentes a cómo ellos lo hacían.

―Ella los buscará y acabará con cada uno de ustedes, los maldigo a todos los aquí presentes, recuerden mi nombre, recuerden el nombre de Arban Shannon, mi hija vendrá por ustedes, lo juro con mi vida ―habló a como pudo aquella mujer.

Aquellas palabras habían hecho que a Gloxdor se le erizara el pelaje de la peor manera, sentía un mal presagio proveniente de las palabras de aquella mujer.

Se levantó de su asiento, tomó el cuchillo y lo clavo en el corazón de aquella mujer, todos se sorprendieron ante el acto de Gloxdor, quién después de eso dejó el salón, la copa había sido llena hasta con la última gota de sangre de Arban Shannon, aquella copa sería dada para Gloxdor, pero al haberse marchado de aquel ritual, pasaría a Kandla, por ser la anciana de aquel sitio.

― ¡Escúchenme! ―vociferó una voz femenina. ―Nos moveremos hacía el sur, hacía la ciudad de Dasco, he encontrado un sitio en el que podemos estar por el tiempo que queramos, ella debe de estar en aquel sitio al haber tantos humanos ―mencionó.

―Pero, señorita Petra, llamaremos mucho la atención, si nos ven llegar con ellos ―menciono uno de los súbditos.

― ¿Qué no me has escuchado? ―reprendió. ―No debes de preocuparte por las personas que nos miren ya que nadie nos verá me he encargado de eso con anticipo ―sonrió mostrando su bella y brillante sonrisa.

―Cómo usted ordene señorita ―hizo una reverencia marchándose de ahí.

La noche caía y aquella mujer iba avanzando hacia el sur con su manada, el frío se hacía presente bajo aquella luna azul, pero eso no le daba nada, su piel era clara, parecía más bien blanca, sus ojos eran rojos, tenía un cuerpo delgado y bien definido, sus clavículas brillaban bajo aquella capa y corset rojo que llevaba, una espada iba en uno  de sus costados, sus venas eran azules, repintándose por todo su cuerpo… ¿Acaso era algún efecto de aquella luna? No lo sabía, pero jamás se había sentido tan viva como ese día. Al llegar al sur, todo aquel lugar era oscuro, no llegaba la luz de la luna, se escuchaban lamentos de personas mientras más se acercaban hacia aquel castillo que había en aquel sitio.

―Señorita, hay muchas personas en este lugar ¿podremos disfrutar de algunas? ―preguntó uno de los sirvientes.

―Pueden disfrutar de las que deseen, pero ya saben, deben de dejarme lo mejor a mí ―sonrió.

Dejaron las armaduras, espadas y capas sobre uno de los sofás las personas se encontraban en toda la casa, atadas de manos, pies y con la boca cerrada por un trapo, al ver la cantidad de personas que había se excitaron demasiado, empezaron a matar de manera descontrolada, un carraspeo de aquella mujer hizo que todos se detuvieran, abriéndole paso a ella.

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