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Kaïa La Hiena de la Mafia

🔒 Ella viene conmigo

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Al llegar a la casa, Kaïa se fue directo a su habitación. Pese a no sentir la tristeza por la que pudiera estar pasando cualquier hija ante la pérdida de su padre, en su mente se formó una idea similar al sentimiento de abandono.

Con la hiena a sus pies, tomó asiento en el borde de la cama y pensó en las personas que ha tenido y poco a poco la han ideo dejando. Entender esta parte de la vida para ella es un tanto difícil. Medianamente puede comprender el día a día, y esperar a que sufra y acepte la pérdida de un ser querido tan cercano es esperar mucho para quien no conoce de buenos y malos sentimientos. De hecho, Kaïa no conoce de sentimientos.

Sin quererlo, el rostro de Jasha vino a su memoria. Recordó las palabras de Máximo cuando le dijo que él venía a protegerla.

«¿De qué?» Se preguntó en la mente, sin comprender su situación personal ni la posición de Jasha en lo adelante en su vida.

—Kaïa —Escucha que Máximo la llama desde afuera—. ¿Puedo pasar? —Pregunta.

Sin responderle, se puso de pie y caminó hacia la puerta para abrirle, quedó parada en frente de él, observando como siempre, en forma inexpresiva, primero a él y luego a todo a su alrededor.

—Dígame —Le dice ella.

De a poco ha ido soltándose en el hablar. Máximo al encontrarse solo con ella la ha estimulado, al punto de que le pide responder a los comentarios o sus interrogantes. Kaïa al ver que él no es agresivo ni imponente como sí lo era Aurelio, ha ido cediendo, se ha sentido motivada. Ello aunado al interés de él por enseñarle a contar. A interesarse por unas de sus virtudes que hasta que él se diera cuenta era totalmente ignorada no solo por ella sino también por Aurelio que no al determinaba sino para exigirle como lo haría con cualquier criada.

—El señor Jasha desea hablar con los dos —Le dice Máximo—, contigo y conmigo —La señala y luego a sí mismo—, de algo importante. Vamos —Le pide y al mismo tiempo le señala el camino hacia la sala de estar.

Kaïa si bien comenzó a caminar delante de él, al recordar quien está a la espera de ambos, disminuyó el paso con la intención de que Máximo quedara pro delante y así quedar detrás de él para no quedar de frente a Jasha. Algo de él le incomodaba, aun cuando para ella es desconocido lo que es la perturbación y por supuesto le es difícil reconocer lo que sintió esas escasas dos vece en su presencia. De lo único que es consciente es de que no le agrada lo que siente.

—Aquí estamos señor —Se anuncia Máximo apenas ingresan a la sala d estar.

Kaïa, tal cual acostumbra a hacer, se quedó parada en el umbral, esperando sin mirar a Jasha ni a el hombre que lo acompaña.

—Tomen asiento —Les pide Jasha con la mirada fija en Kaïa, que ni por error se detiene si quiera un segundo a verlo, y eso es algo que a Jasha le desagrada.

Máximo obedeciendo la orden camina hacia uno de los sillones y toma asiento en seguida; en cambio, Kaïa como si no le hubieran dicho nada, permaneció allí a la espera de escuchar algo que fuese realmente importante. Como por ejemplo alguna orden. Se acostumbró a obedecer, y pro tal razón, cada vez que la llaman a la sala de estar, espera que sea para imponerle alguna labor.

¿Hablar de temas importantes? ¿Qué es eso para una chica que ha vivido los veintidós años de su vida en la nada? La mente de Kaïa divaga sobre cosas sin relevancia para la mayoría de las personas, para el que la ve desde afuera. Solo Máximo en cierta forma, dentro de su ignorancia, ha aprendido a reconocer y diferenciar ciertos actos de ella que son sin real importancia frente a los que no significan nada para ella y solo son una manifestación de distracción.

Por ejemplo, ahora el hecho de permanecer parada allí, sin fijar la mirada en el rostro de quien desde ahora se dice ser su protector, para otros pudiera significar como que no le importa lo que sea este le vaya a comunicar, mientras que Máximo entiende que solo así se siente cómoda. Algunas formalidades no se hicieron para ella, y ha comprendido que mientras no se le forcé a ir más allá de lo que hasta ahora le aporta tranquilidad, Kaïa se mostrará más receptiva, no buscará huir como bien lo hacía con Aurelio.  

—Siéntese, por favor —Le pide Jasha a Kaïa mirándola con intensidad—. Kaïa —La llama—, tome asiento.

—Señor, no insista, no lo va a hacer —Le advierte Máximo al ver como la expresión del rostro de Kaïa fue cambiando al de una incomodidad que amenaza con obligarla a huir—. Le sugiero proseguir sin exigirle esto —Guarda silencio porque Jasha volteó a verlo de manera dura. No está acostumbrado a que desobedezcan sus órdenes, menso que un desconocido le diga qué hacer—. Disculpe señor, es que la niña se altera cuando le hablan fuerte —Máximo termina indicándole casi en un susurro mientras mira hacia el piso.

El rostro de Jasha se desencajó en seguida.

—Lo que me faltaba, ahora debo andarme con sutilezas —Se queja y se pone de pie al sentirse tanto o más incómodo que Kaïa, pues él si entiende lo que le sucede, o por lo menos tiene una idea mediana de todo lo que la chica que se niega a volverlo a mirar le produce.

—Calma Jasha —Le pide Kesar—. Recuerda que acaba de pasar por algo fuerte, prácticamente se quedó sola en el mundo.

—Pendejadas —Responde Jasha con agresividad en el tono de su voz y el gesto de sus manos—. Es la hija de Aurelio, y como tal debe tener endurecido el carácter. Que no espere de mi un trato distinto al que se merece.

—Jasha a la vista está que ella es diferente —Le advierte Kesar—. Mantén la calma. Diles la decisión que tomaste para ver si logramos movernos ya.

Jasha dentro de su incomprensible enfado, respiró profundo, y tomando la sugerencia de Kesar, miró a Máximo y a Kaïa.

—Regresaré a Rusia hoy mismo, salí de prisa y dejé muchos asuntos al pendiente —Informa, mirando a uno y luego a la otra.

—Entiendo, yo quedaré aquí al pendiente de la niña, no se preocupe, contrataré más hombres —Se adelanta Máximo, pero detiene su palabrerío al ver que Jasha levanta la mano en señal de hacer un alto.

—No hables hasta que yo lo permita —Le exige apretando los dientes—. Ella viene conmigo —Responde en forma contundente, lo cual hizo que Kaïa se removiera en el mismo lugar y Máximo volteara a mirarla—. Ustedes vendrán conmigo. No puedo dejarla aquí. No, sin una planificación y un sistema de seguridad confiable. Irán conmigo a Rusia —Declara Jasha en forma tajante—. Desconocemos si no habrá otro grupo con ínfulas de grandeza. Es un riesgo dejarla aquí sin protección. Estando en Rusia podré planificar qué hacer con ella —Agrega Jasha mirándola de arriba hacia abajo, al tiempo que mentalmente reconoce lo condenadamente hermosa que es Kaïa.

—Disculpe señor —Lo alerta Máximo distrayéndolo del último pensamiento—. ¿Y la casa? ¿Los laboratorios? ¿Las hienas? ¿Qué va a pasar con todo esto?

—Dejaré aquí a dos de mis hombres, ellos custodiarán la casa y velarán por el resto de los negocios que eran de Aurelio y ahora son nuestros —Le explica Jasha—. Solo la hiena de ella vendrá con nosotros.

—¿Está seguro? —Le inquiere Máximo con preocupación porque de las tres solo la que permanece con Kaïa se ha dejado tocar.

—Si no lo hago ¿Crees que ella quiera viajar sin ese maldito animal? —Le pregunta Jasha a Máximo, quien guardó silencio al comprender la razón de fondo de esta decisión—. Ya sabía que no —Expresa Jasha al entender su silencio—. Anda al centro y trata de ver si logras conseguir una jaula grande. En una hora te quiero aquí para salir antes de que anochezca.

—Niña —Máximo llama la atención e Kaïa que permanece aun de pie en la entrada de la sala de estar—. Vaya a su habitación y saqué su ropa del closet, ya la señora va a ayudarla.

—¿Para qué? —Le pregunta Kaïa en voz atropellada a Máximo, a quien sí dirigió una mirada.

—Nos vamos con él, niña —Le contesta Máximo mirándola a la espera de alguna reacción que nunca llegó.

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