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Hank: Inmortal

🔒 Capítulo 11: Desesperación

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Hank

—¡No, no, no! —gruñí, apuñando la maldita nota en mi mano derecha. Mi sangre hirvió y sentí ese sabor amargo de la bilis en mi boca, estaba temblando de ira y preocupación, no tenía idea de a donde pudo haber ido Josephine, aunque era de esperarse que tomaría a alguien de rehén, quería venganza y sabía que Krista era mi esposa.

—Lizzy, cariño, abre los ojos —musitó Adam a mis espaldas, la puerta de la habitación se abrió de golpe, dejando ver al pequeño Benjamin Lui que se aproximaba a toda prisa.

—¡Mami! —sollozó, acercándose a la cama donde aguardaban una Hayley inconsciente y un Adam preocupado, este último lo estrechó entre sus brazos y olisqueó su cabeza al mismo tiempo que lo mecía.

—Lui, tranquilo.

—¿Qué le pasa a mamá? —cuestionó con su voz más aguda de lo usual, a consecuencia del llanto.

—Va a estar bien, todo estará bien, yo los voy a cuidar, lo juro, nadie les hará daño.

—¿Y tía Krista? —Su pregunta me heló la sangre y me sentí minúsculo, mi mente era un batiburrillo de emociones.

No me gustaba pensar en lo peor, sin embargo, en caso de que Josephine le hiciera algo malo, el último recuerdo que tendría de ella sería su desprecio, mientras que Krista partiría de este mundo con el corazón destrozado por mi negligencia y la sarta de mentiras por omisión.

Cerré los ojos un momento, la humedad recorrió mis mejillas formando surcos, y el olor salino de las lágrimas invadió mi nariz. No pude contenerlo más, me derrumbé, cayendo de rodillas contra el suelo y llorando a grito abierto, siendo presa de la desesperación.

—¡Krista! —sollocé—. ¡KRISTA! —solté un alarido que seguramente, si hubiese sido humano, me desgarraría la garganta, la amarga tristeza me estaba consumiendo, llevándome al borde de la locura.

Mi corazón latió acelerado, contrario a las míticas creencias de estos tiempos, los vampiros no estábamos del todo muertos, nuestros cuerpos podían experimentar dolor, los huesos se quebraban, aunque sanábamos rápido, comíamos y bebíamos como cualquier humano, aunque esa dieta no nos servía para sobrevivir, necesitábamos sí o sí de la sangre. Y en cuanto a nuestras emociones, eran más intensas, amor, pasión, deseo, ira, miedo… Todo se acentuaba a límites lejos de la comprensión.

—Benjamin —escuché como Adam llamó a su hijo—. Ve a la habitación con tus hermanas, iré pronto, ¿de acuerdo?

—¿Por qué llora el tío Hank?

—Hijo… —su frase quedó en suspenso, no me atreví a mirar, estaba inmerso en mi dolor, con el rostro contra el suelo mientras propinaba leves puñetazos a la alfombra, lamentándome por mi desgracia, una la cual yo mismo provoqué—. Luego te lo explico, anda, ve.

Los suaves pasos del niño se manifestaron, saliendo al fin de la pieza, mi cuerpo tembló con cada hipo, a la vez que mi corazón se resquebrajaba, no pude evitar pensar en aquella ocasión en que mi amigo se vio en una posición similar a la que me encontraba, y yo llegué a pensar que estaba exagerando, ahora comprendía que no hay dolor similar al de verdaderamente perderlo todo.

—Hank —me llamó, tocando mi hombro—, levántate.

—Debo ir por ella, Adam —dije compungido—, esa mujer va a matarla, no puedo permitir que le hagan daño.  

—No puedes ir, está amaneciendo —afirmó. Caminó sobre los cristales rotos de la ventana, para cerrar las persianas que para mi sorpresa, aún eran funcionales.

—Necesito buscarla, ir tras ella, no puedo fallarle, no en esto, yo, yo —titubeé—, te necesito, tienes más habilidades que yo y…

—¡Ni se te ocurra considerarlo, Adam Lui Smith! —La voz de Hayley reverberó por la habitación, Adam corrió de vuelta a la cama donde ella ya se encontraba sentada y la tomó entre sus brazos.

—Lizzy.

—No estoy jugando —increpó Hayley—. Ya usamos mi sangre para volverte mortal, cometiste la locura de transformarte de nuevo y de no ser porque antes de sacrificarse, Thomas te liberó, seguirías siendo un vampiro.

Mis ojos se clavaron en ellos, era cierto, Adam no tendría posibilidades de volver a ser humano de nuevo, no obstante, era necesario contar con él cómo aliado, después de todo, su familia también corría peligro, eran vulnerables, y yo estaba por completo abatido.

Los ojos se Hayley se colmaron de lágrimas, Adam le limpió las mejillas con sus pulgares y se inclinó para depositar un beso sobre su frente.

—Te prometí no fallarte nunca, Lizzy, eso incluye no volver a ser vampiro, vamos a encontrar una manera de salvar a Krista.

—¡Debes ayudarme! —vociferé con mi labio inferior temblando, Hayley se puso de pie, dando pasos furiosos hacia mí, su mano se agitó de atrás hacia adelante y me propinó otra bofetada que me escoció la piel. Con una resistencia férrea, me mantuve firme sin dejar salir esa bestialidad que estaba implícita en mi naturaleza, no podía hacerle daño, Hayley era quizás la única persona, después de Krista, que podía ponerme en mi lugar, una persona especial en mi vida, la cual, en estos momentos, estaba siendo invadida por una rabia bastante bien justificada.  

—¡Por tu culpa se llevaron a Krista! —gritó—. Tú trajiste a esa mujer loca a nuestro hogar, la guiaste, no te importó nada. ¡Eres una maldita porquería! —Cuando estuvo por írseme encima, Adam la abrazó desde atrás, deteniéndola.

—Basta, Lizzy —ordenó, pero ella no cedía, forcejeando para liberarse de su agarre y atacarme de nuevo. Había algo más, no se puso así solo por Krista, tenía miedo de lo que fuera a decidir hacer mi amigo.

—¡Fue su maldita culpa! —señaló—. Esa zorra casi mata a nuestro hijo, Adam, ahora quiere llevarte con él en una misión suicida —farfulló sin apartarme la mirada de encima.

—No voy a ir tras una muerte segura, Elizabeth —declaró dejándome frío—, iré a casa de los Anderson y traeré a John acá, necesitamos llamar a todos los aliados que tengamos e ir a buscar a Krista, pero por ningún motivo me convertiré de nuevo —le aseguró, girándola hacia él para verla a los ojos, el hueco en mi estómago se volvió más grande. Corrí a toda velocidad hacia ellos y tomé a Adam por el brazo.

—¡No! —gritó Hayley, con el pánico supurando por los poros, Adam frunció el ceño con un gesto amenazador.

—Yo te ayudé cuando tu esposa fue secuestrada. ¡Yo estuve ahí, maldita sea! —protesté. Una arruga se marcó en su frente al hacer un gesto ceñudo, la estaba cagando al referirle mi ayuda, sin embargo, estaba tan desesperado que era capaz de jugar sucio con tal de traer a Krista con bien.

—Y no hiciste gran cosa —reclamó—, si no mal recuerdo, yo fui quien la encontró, me ayudó más Thomas Blake que tú. Además, luego de lo que le hiciste a Lizzy en el living, no me tienes muy contento.

—¡FUE UN ACCIDENTE!

—¡Me importa un carajo! —siseó tirando de su brazo para liberarse de mi agarre—. Te escuché, incluso te justifiqué, eres mi amigo más antiguo, y ni siquiera te conozco, aun así, una parte de mí confía en ti, por cariño o respeto o lo que sea, pero luego viene esa mujer a querer joder a mi familia… —suspiró y desvió su mirada hacia Hayley—. Por poco y mata a mi hijo.

—Yo lo salvé.

—Y te agradezco por ello, pero debes entender que no me separarás de mi familia, no perderé la oportunidad de seguir siendo humano, ahora, quédate aquí y no hagas nada estúpido, debo ir a informar al padre de Krista lo que pasa, estas son la clase de noticias que no pueden darse por teléfono.

—¿Cómo se supone que debo llamarte? —preguntó Hayley, que se encontraba recargada contra el escritorio de la biblioteca.

Hacía un par de minutos que Adam había ido a casa de los Anderson para hablar con John, el padre de Krista, mientras tanto, me encontraba bajo el escrutinio de Hayley, siendo mi juez, jurado y verdugo. Podía afirmar que era doloroso estar en esta situación, no solo había puesto la vida de Krista en peligro, ahora debía enfrentar a mis amigos y ganarme su confianza de nuevo, cosa que sería por completo difícil.

El tictac del viejo reloj taladró mi cabeza, desesperándome con cada segundo que transcurría. Tragué saliva con dificultad y miré a Hayley a los ojos, los cuales llameaban con ira contenida.

—Responde —me pidió. Me pasé ambas manos por el rostro y dejé mi lugar en el diván, para caminar hacia el otro extremo de la biblioteca.

—Sigo siendo la misma persona que conociste, Hayley, he sido sincero en todo, salvo por mi nombre —le aclaré, miré hacia un costado topándome con el perchero de madera pulida del rincón, sobre este se encontraba la chaqueta de mi esposa y un hueco se formó en la boca de mi estómago, sumiéndome en la impotencia de no saber a dónde se la pudo haber llevado Josephine—. Incluso cuando quise involucrarme contigo, fui sincero.

Sus pasos resonaron por la pieza, pude ver su sombra aproximándose desde mi periferia y tomó mi brazo con algo de fuerza, o por lo menos, para un humano, sería la fuerza suficiente para provocar algo de malestar, no obstante, siendo un caminante nocturno como yo lo era, no sentía salvo una ligera caricia, aunque era probable que se tratase más que mi mente estaba demasiado distraída como para pensar en el dolor.

—Mírame cuando te hablo —me ordenó, giré en su dirección y esos ojos aceitunados se clavaron en los míos, algo que me provocó cierto escalofrío. Cómo pocas veces, la gentileza había escapado de ella, transformándose en algo frío, feroz, semejante a aquella vez en la que Adam fue sometido por Vladius—. Debes comprender que es mi mejor amiga, casi mi hermana, y con toda la cloaca que se acaba de destapar, muchas cosas se han movido dentro de mi cabeza.

—Hayley, yo…

—Por favor —me interrumpió—, necesito que sepas que cuando Krista llegó desesperada a esta casa, se me fue el alma a los pies, luego me dijo lo ocurrido con esa mujer y se me removieron recuerdos, incluyendo, aquel en el que solo afirmabas que ella representaba un acostón de una noche, las veces que me pediste sustituir a Adam… —suspiró haciendo una pausa—. Cuando dudaste en transformar a Krista.

La culpa cayó sobre mí, había sido un cabrón de primera con mi dulce Kris, sin embargo, aunque tardé un poco en procesar y aceptar las cosas, constaté que realmente la amaba, estaba locamente enamorado de ella y quería, no, necesitaba salvarla, si quería estar conmigo, sería el hombre más feliz del mundo, pero si decidía apartarse, no me opondría, lo que más deseaba es que viviera el resto de sus días feliz.

—No es que haya dudado por falta de amor, Hayley, sé lo que en su momento llegué a sentir por ti y puedo asegurarte que únicamente te veo con cariño y respeto, te veo como una cuñada, lo que ocurrió aquel día fue que temí que Krista se volviera cómo Josephine, recordé al monstruo que era capaz de destrozar inocentes, a quien me usó solo por poder… —Mis manos fueron a sus hombros, centrándome por completo en ella, que me miraba con cierto recelo—. Jamás había amado a alguien así, no quiero fallarle, no más, John Talbot es un nombre que me trae recuerdos de un pasado tormentoso, cómo le fallé a mi familia hace siglos, cómo herí a personas inocentes, cómo seguí en un círculo vicioso corrompiendo mi alma. Me desvié del camino y metí la pata a fondo cuando me dejé llevar y transformé a Josephine, aunque todo fue un plan bien elaborado para obtener la eternidad, la creí muerta y ahora aparece y me jode el mundo —declaré, mis ojos se cristalizaron, sentí mi labio temblar y la miseria comenzó a consumirme. Hayley mostró una expresión compasiva y un brillo de entendimiento apareció en sus ojos, para en unos segundos, abalanzarse a mis brazos, permitiéndome llorar para desahogarme, sacando mi dolor en cada lágrima.

Mi cuerpo se estremeció, traté de controlar mi fuerza para no lastimarla, el olor de Krista invadió mi nariz, seguro, provenía de la ropa de Hayley que la había consolado.

—Vamos a encontrarla, Hank —musitó apenas. Acarició mi espalda con mimo, mientras yo simplemente no podía dejar de llorar.

—Hayley, ella es mi todo, no puedo permitir que le hagan daño. ¡Yo la amo! —sollocé.

—Ella también te ama, me lo dijo, solo que está decepcionada, no pensó en que ocultaras algo así, no es solo tu nombre, fue el hecho de que no le tuvieras la confianza suficiente.

—Estaba avergonzado.

—Lui también lo estuvo cuando me habló de la chica del circo, fue bastante cómico —rio levemente y tomó mis hombros para apartarme de ella—. Ahí supe de donde había aprendido sus trucos con las botellas, cuando uno decide unirse a una persona, luego de haber pasado por cosas tan atroces, en lo que menos piensa es en que tu pareja tenga ese tipo de secretos.

Las lágrimas cayeron a raudales por mis mejillas, di un par de asentimientos, procesando las palabras de Hayley, jamás había tenido una relación seria, era un novato con esto del matrimonio por amor y aunque los malos hábitos habían quedado en el pasado, sabía que tendría pruebas en el camino.

Hayley esbozó una sonrisa nostálgica y acarició mi mejilla con el dorso de su mano, me distraje con el olor de su sangre que se encontraba ya seca sobre la piel de su muñeca, moría de hambre, aun así, tuve mis instintos bajo control.

—¿Crees que me perdone?

—Primero debemos encontrarla, estoy aterrada con lo que esa mujer pueda hacerle. ¡Demonios! —gruñó, encogiendo su rostro con un gesto compungido—. No debí darle mi sangre hasta acabar con esa tipa.

—No fue tu culpa, sino mía —recalqué, tomando su mano y depositando un beso en el dorso de esta—. Gracias Hayley —musité y pronto, la puerta de la biblioteca se abrió de golpe, los ojos de Adam pasaron de Hayley a mí y luego, John Anderson corrió en mi dirección, tomándome por la camisa para estrellarme contra el muro.

—¡Infeliz! —vociferó.

—¿Hayley?

—Todo está bien, Lui, debemos ayudarlo.

El aliento de John chocó contra el mío, su rostro reflejaba furia, pude ver esa vena palpitante sobre su frente y el resto marcándose en su cuello. Cómo hacía mucho no ocurría, se me hizo agua la boca, el ambiente estaba lleno de aromas suculentos para mi naturaleza.

—John, debes calmarte, necesitamos buscar la forma de traer a Krista y…

—¡Cállate, Adam! Este imbécil me juró cuidar de mi hija, me mintió a mí, a mi esposa, a Krista y a toda la orden, no sabíamos que había convertido a alguien más.

—Nadie me dijo de los registros hasta mucho tiempo después, además, la creí muerta.

—¡Siempre hay registros! Se necesita de testigos para constatar el deceso de un vampiro. ¡Fuiste un completo imbécil! —gritó, comprendí que era momento de dejarlo desahogarse mientras me usaba como saco de boxeo.

Su puño se agitó de atrás hacia adelante, propinándome el primer golpe a la mandíbula, no me defendí, repitió su acción y cuando estaba por darme el cuarto puñetazo, Adam lo detuvo.

—Esto no nos sirve de nada, John.

—Pero si me servirá ponerlo bajo el sol —siseó. Estaba fuera de sí, sus ojos brillaron con determinación y cuando se decidió a darme fin abriendo las persianas, Hayley lo detuvo, interponiéndose en su camino—. Aléjate de aquí, Hailey.

—No, no es un asesino, señor Anderson.

—No es un humano, sino un monstruo.

—Recuerde que su hija también fue uno de ellos, y no era precisamente un monstruo, le guste o no, Hank está de nuestro lado.

—¡Por su culpa se llevaron a Krista!

—Y si lo mata, Krista jamás lo perdonará —respondió a la vez que hizo ademanes con sus manos, John retrocedió un paso y Adam ladeo su cabeza, indicándome que lo siguiera—. Su hija aún lo ama, sé que Hank metió la pata, pero está dispuesto a todo para rescatarla.

—Mas le vale, o de lo contrario, yo mismo me encargaré de matarlo.

Una respuesta a «🔒 Capítulo 11: Desesperación»

Ok, no justifico a Hank pero creo que ya se pasan con el, tuvo sus errores, y grandes errores, pero fue pasado, ahora deben unirse para acabar con esa loca y recuperar a Krista,

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