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El rol del asesino

CAPÍTULO 5: LA EX

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Emil entró en la escuela primaria y se sentó entre los padres de las últimas filas. Su ex mujer lo vio y se sentó a su lado.

—¿Qué haces aquí, Emil? —le dijo Lisa.

—He venido a ver a mi hijo. Él me pidió que viniera.

Emil le mostró en su móvil la conversación que habían tenido.

—¿Ves?

Lisa miraba hacia adelante, sin prestar atención a lo que Emil le mostraba.

—No puedes estar aquí. Y no quiero que estés aquí. Debes irte —dijo Lisa.

—Pero… —Emil la observó, sin realmente saber qué contestar—. Ya comienza.

—Vete, no me importa. No quiero que te acerques a mi hijo.

Emil cerró los ojos y masajeó sus sienes, respirando profundamente. Abrió de nuevo los ojos y la miró.

—De acuerdo. Tú le dirás que no me quisiste aquí.

Se levantó y se marchó.

Regresó a la productora y aparcó el coche casi en la puerta. Antes de abrir la puerta del coche, observó que su padre salía del edificio de la productora con Elena, una actriz que él había visto audicionar para la nueva película, y se subían al coche de su padre. Negó con la cabeza, en señal de desaprobación.

Abrió la puerta y comenzó a descender cuando vio que estaba por marcharse de la productora la mujer con la que se había topado temprano en la mañana. Sabía que era policía. Toda su conducta lo decía. Y había vislumbrado su arma a través de su abrigo abierto. Volvió a meterse dentro de su coche y cerró la puerta.

Hizo de cuenta que usaba su móvil para no hacer contacto visual con ella, pero fue inútil. Ella golpeó el vidrio de su coche para llamar su atención. No tuvo otra opción más que bajar del coche y enfrentarla.

—Hola —dijo Emil—. Nos hemos visto hoy en la mañana. Tengo prisa —dijo mostrando su móvil—. Mi madre.

—Sólo serán unos minutos. Mi nombre es Siena Conti y soy policía —dijo ella, y estrecharon sus manos.

—Un gusto. ¿Qué te trae a la productora de mi padre, Siena?

—He hablado con él, pero no he quedado conforme. Si pudieras brindarme un poco más de información, te lo agradecería.

—Si eres mujer, y no has quedado conforme con mi padre, tienes buen gusto y tienes mis respetos. Es un hombre desagradable. ¿En qué puedo ayudarte?

Siena sonrió.

—Desagradable, ¿eh? ¿Qué ha pasado entre ustedes dos? Si se puede saber…

—Bueno, pues… digamos que no es un buen padre y es un mujeriego. Mi madre ha sufrido mucho.

Siena asintió, comprendiendo.

—De acuerdo, vayamos al grano. Anoche fue encontrada muerta una actriz que trabajaba con él: Ana Müller. ¿Sabes algo de ella?

Emil se tapó la boca con las manos, fingiendo horror y sorpresa.

—Íbamos a trabajar juntos en esta película. No puedo creerlo… La he visto ayer en la tarde, se encontraba bien. ¿Qué…? ¿Cómo…?

—Creemos que ha sido un asesinato. Estamos investigando el caso. ¿Algo que puedas aportar?

—No creo que pueda ser de mucha ayuda… Solemos cruzarnos en los pasillos de la productora y estaba contenta de que yo también había sido seleccionado para trabajar en la última película de mi padre.

—Claro… Y si se llevan tan mal, ¿por qué te han seleccionado para trabajar en una de las películas de tu padre? Nunca has trabajado en una.

—¿Marketing? Creo —dijo Emil encogiéndose de hombros—. Es una buena estrategia.

Siena asintió.

—Bien, creo que eso es todo. Gracias por tu tiempo.

—De nada. Correré hacia lo de mi madre, sino se enojará conmigo.

La saludó con la mano y ella hizo lo mismo. Emil se subió a su coche y condujo hasta su clase de teatro. Estaba llegando dos horas antes, pero tenía que alejarse de la productora porque ya le había mentido a Siena.

Desde el coche, envió un mensaje con su móvil a Oscar para pedirle que le enviara una copia del libreto, pues había tenido que descartarlo porque se le había derramado café encima.

Inmediatamente Oscar le respondió “Ya lo envío. ¿Qué ha pasado? No pude encontrarte en tu oficina”. Emil volvió a mentir con su madre. No tenía ganas de explicarle lo de Lisa, aunque era el único que realmente comprendía y lo apoyaba siempre. Luego le explicaría lo que había sucedido. Reclinó el asiento y cerró los ojos un momento.

Escuchó la notificación de su móvil que le indicaba que Oscar ya le había enviado el libreto. Lo descargó y comenzó a repasar las líneas de su nuevo personaje. Cuando finalmente fue la hora de su clase de teatro, se desenvolvió muy bien en su papel y se sintió a gusto con sus compañeros. Se sentía motivado.

—Profesora, podría hacer esto por horas —dijo.

—Emil, es hora de finalizar por hoy. Has estado fantástico. Pero necesitamos un descanso.

—Gracias, profesora —dijo, y se bajó del escenario.

Se sentía enérgico, así que condujo nuevamente hacia la productora, ordenó comida a través de una aplicación con su móvil y se dispuso a ensayar para su nuevo papel.

Se encerró en su oficina y puso su móvil en silencio. Ensayó por horas y sólo se detuvo cuando trajeron su comida.

Miró la hora en el reloj de pared. Marcaba las nueve de la noche.

—¿Cuándo se hizo esa hora? El maldito de mi padre tiene talento, este libreto es absorbente.

Arrojó la basura de la comida al cesto (había sido una merienda—cena), tomó sus pertenencias, apagó la luz y cerró su oficina. Al parecer Oscar seguía allí, pues la luz de su oficina estaba prendida. Decidió saludarlo antes de volver a casa.

Golpeó la puerta y entró, pero Oscar no estaba. Quizá había olvidado la luz prendida. Decidió apagarla, pero vio sobre el escritorio su agenda abierta. Buscó el número de Elena, la actriz con la que se había marchado su padre. Tomó su móvil para agendar su número y vio en la pantalla trece llamadas perdidas de su madre.

—Mierda.

Agendó rápidamente el número de Elena, apagó la luz de la oficina y salió.

Condujo con velocidad hacia la casa de su madre y aparcó en el frente. Entró con sus llaves y subió hacia la habitación de Isabella.

Ella estaba sentada en su cama, llorando desconsoladamente limpiando sus lágrimas con un pañuelo de seda. Cuando lo oyó, levantó la mirada en su dirección.

—Mamá, ¿qué sucede?

—¿Qué te parece a ti que sucede? Has desaparecido. Te he estado llamando durante horas y no he obtenido respuesta alguna. ¿Sabes lo que he pensado? ¡He pensado lo peor! Que te había pasado algo, un accidente, un choque, que estarías en el hospital. No lo sé. He pensado lo peor, Emil.

—Perdón, ma, se me ha pasado el tiempo. He estado ensayando duro.

—No, Emil. No. Tú no sabes todo lo que he hecho por ti, y lo que sigo haciendo.

—Si, lo sé. Lo aprecio mucho.

—No, se terminó. Las llaves Emil.

—Pero…

—Las llaves.

—Lo siento.

Emil, dolido, buscó en su bolsillo y entregó sus llaves a su madre. Le dio un beso en la mejilla y bajó las escaleras, cabizbajo.

Necesitando exteriorizar sus emociones, condujo hacia la casa de Oscar. Era el único que lo comprendía, con quien podía hablar sin guardarse nada.

Tocó timbre, y Oscar asomó su rostro a través de la ventana. Abrió de inmediato la puerta cuando vio que se trataba de Emil.

—¡Emil! ¿Qué sucede? —dijo, asomando su rostro por la puerta abierta.

—Perdón por venir a estas horas, Oscar. Pero mi madre me ha echado de su casa. Hemos discutido. Me ha pedido las llaves.

—Pasa, pasa.

—Gracias, Oscar. No sé qué haría sin ti.

Oscar le indicó que se sentara en la sala de estar y preparó té para ambos.

—No te daré cafeína así intentas dormir algo. Cuéntame, ¿qué ha pasado?

Emil le contó que en realidad no había ido temprano a casa de su madre, sino que se había escapado un rato antes de la productora para poder ver a su hijo, pero Lisa no lo había dejado. Luego, para distraerse había ensayado toda la tarde, y no había escuchado las llamadas de su madre.

—Y me ha corrido de la casa. Ha estado sensible los últimos días —relató Emil—. Tengo mi apartamento, no es problema, pero cuento con ella, es mi única familia. Lo que más me apena es no haber podido estar para Dani, le había prometido que estaría allí.

—Oye, no te apenes. Lo entenderá. Por otro lado, creo que deberías conversar tranquilamente con Lisa para llegar a algún acuerdo sobre lo de Dani. Él debe ver a su padre. Sabes, este trabajo a mí me ha consumido gran parte de mi vida, no es fácil trabajar con tu padre, y por eso me terminé separando. Pero ahora estamos en buenos términos. Quizá puedas llegar a lo mismo con Lisa.

—Sí… tendré que armarme de paciencia. No quiere verme ni hablar conmigo. No sé cómo voy a hacer.

—Ya encontrarás la manera. Eres un chico inteligente.

Oscar palmeó su hombro y comenzó a juntar las tazas.

—Ahora ve a dormir. Es tarde. Te ayudaré a preparar la habitación de huéspedes.

—Gracias, tío. Deja que yo llevaré esto a la cocina.

 

***

 

Siena buscó en los registros del ordenador las fotografías de Marco y de Emil. Las imprimió y las colocó en el tablero, junto con las demás fotografías de las escenas del crimen de Ana Müller.

Oliver se acercó a ella y observó las fotos.

—¿Has entrevistado a los dos? —le preguntó.

—Así es —asintió ella.

—¿Qué piensas?

—Todos son sospechosos hasta que se demuestre lo contrario —dijo, encogiéndose de hombros—. Pero quiero seguir investigando a Marco. Sea o no el asesino de Ana, tiene un pasado demasiado oscuro, y no ha querido colaborar demasiado cuando fui a verlo.

Oliver cruzó los brazos frente a su pecho, asintiendo con la cabeza y observó las fotografías colgadas en el tablero.

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