Categorías
Amor en juego

🔒 Capítulo 87: Anillos

Log in or Register to save this content for later.

Julia estaba parada delante del enorme espejo de su habitación observando su reflejo. Iba vestida con un traje entero negro, el cabello recogido en una coleta alta, el maquillaje sencillo y muchos, muchos anillos en sus dedos.

–¿Todavía estás pensando en ellas verdad? –Preguntó Kelly vestida elegantemente con un vestido bien ajustado y unos tacones de doce centímetros, también iba vestida entera de negro.

–Es imposible no pensar en esas mujeres, Kelly. Trece mujeres con sus vidas destrozadas por culpa del mismo hombre. –Contestó Julia con la mirada perdida y Kelly se giró para ver a Amaya que estaba sentada en una silla cerca de la cama de Julia, también vestida de negro. – Una de ellas tenía a penas diecisiete años cuando Tony la violó con sus amigos y a esa misma chica, Adela la hundió diciendo en una noticia que ella se dedicaba a la prostitución. Perdió su futuro como modelo, terminó en las drogas y sus padres hasta la echaron a la calle, todo porque tuvo la mala suerte de cruzarse con esos dos.

–Tony es un ser despreciable que merece pagar por sus crímenes, pero Adela no se queda atrás. –Escupió Amaya asqueada pensando en todo lo que habían escuchado de las víctimas de Tony. – Las que acusaron a Hugo de violación también terminaron muy mal por culpa de Adela, la muy infeliz se dedicó a acosarlas por las redes sociales, hasta tuvieron que estar incomunicadas para poder huir de todas las personas que las atacaban.

–Las hundió haciendo creer a la opinión pública que no pasaban de unas mentirosas que solos buscaban fama y dinero. –Habló Kelly pasando la mano por la espalda de Julia para reconfortarla. – ¿Cómo está Hugo? –Preguntó intrigada porque todos habían visto como se había marchado de la mansión, después de haberse quedado detrás de la puerta para escuchar todo lo que contaron las víctimas las mujeres.

Hugo no había podido entrar al salón, porque en él se encontraban las dos chicas que lo habían acusado de violación y por más que Abraham les había explicado que Hugo no había tenido nada que ver con lo que les pasó, a los dos todavía les costaba creer que él no estuviera involucrado.

–Después de escuchar como seis de esas mujeres cayeron en la trampa de Tony porque les habían prometido que las presentarían a Hugo Torres, pues él no pudo evitar sentirse culpable. –Respondió Julia mirando su teléfono móvil, aguantándose las ganas de volver a llamarlo, porque sabía que no sería capaz de ocultarle lo que estaba a punto de hacer. –Eso sin contar lo me hicieron a mí también, porque Adela está obsesionada por él y Tony porque siempre lo ha envidiado. Ella me entregó de bandeja a ese miserable como si fuera un trozo de carne. Tony es culpable, pero ella fue ella la que planeó todo.

–Es un alivio saber que no te ha violado, Julia. –Habló Amaya acercándose a ella y Julia pudo verla por el espejo.

–Pero saber esto no devolverá todos los meses en los que me hacía daño mientras me bañaba sintiéndome sucia, asqueada con mi propio cuerpo por culpa de ellos. – Habló Julia con indignación. – Jamás podré olvidar la cantidad de veces en la que pensé en no tener a Iker por miedo a que fuese hijo de Tony, pero hoy le cobraré cada lágrima que derrame por su maldit* obsesión. – Susurró mirando los anillos que llevaba puesto cuando su abuela entró a la habitación de repente.

–¡Dios mío, más que a un desfile parece que van a un funeral! –Exclamó María Eugenia llevándose una mano al pecho, sin imaginarse las verdaderas intenciones de su nieta y Julia sonrió, porque para ella sería como un funeral. –El chofer os está esperando afuera para llevaros al desfile mi vida. 

–Gracias abuela, ahora mismo bajamos. –Contestó Julia mirando a Kelly y a Amaya con complicidad. –¿Sabes si Elena ha llegado? –Preguntó con curiosidad por que la policía le había dicho que no se perdería aquel encuentro por nada del mundo.

–Justo acaban de tocar el timbre, me imagino que será Elena. –Respondió María Eugenia acercándose a su nieta analizándola. – Me parece muy bien que quieran tener una tarde de chicas para despejar la cabeza antes del juicio, pero cariño, ¿de verdad quieres llevar todos estos anillos puestos? –Preguntó viendo como Julia llevaba en sus dedos anillos con una piedra más grande que la otra.

–¡Bueno abuela, es un desfile de moda, puedo ir extravagante y a nadie le sorprenderá! – Contestó con una sonrisa satisfactoria y su abuela la miró extrañada porque Julia siempre elegía la sencillez, pero igualmente la abrazó sin darle mucha importancia a los anillos y después se despidió de las tres.

Cuando Julia bajó acompañada de su mejor amiga y de la fiscal, se encontró con Elena de pie en la entrada y se sorprendió de verla tan elegante. Elena llevaba puesto un vestido negro ajustado con una abertura lateral desde el muslo y el cabello recogido en un moño alto. Entonces las cuatro mujeres sonrieron con complicidad y salieron de la mansión con toda la actitud.

–¿No iremos con el chofer al desfile? –Preguntó Julia al ver que era Elena la conductora y esta esbozó una sonrisa traviesa.

–Si vas a hacer algo malo, cuantos menos testigos mejor querida. –Afirmó Elena mirando a Amaya que se aguantó una carcajada.

Las cuatro se presentaron al desfile muy seguras de sí mismas, llamando la atención de todos por donde pasaban. No eran todos los días que se veían cuatro mujeres tan hermosas, vestidas para matar.

Julia ocupó su asiento cerca de la pasarela, después entre las cuatro se dedicaron a buscar a Adela entre el público. Elena no tardó en identificarla en medio de la multitud, discutiendo con un hombre que parecía ser uno de los diseñadores, al parecer no le quería dar ninguna exclusiva.

Julia disfrutó del desfile con sus amigas, se tomó un par de copas de champagne, concedió algunas entrevistas y hasta se hizo fotos con algunas celebridades, pero después de todo eso solo centró su atención en Adela, que parecía disfrutar del coctel que ofrecieron después del desfile, como si fuera la dueña del lugar. Al parecer la periodista tenía serios problemas con aceptar su actual posición social y todos parecían evitarla. 

Julia la seguía con la mirada cuando de repente la imagen de Amaya en la entrada del lugar, mirando su teléfono móvil con preocupación, llamó su atención. Julia se acercó a ella para averiguar que le estaba pasando, aunque en verdad tenía una idea lo que podía ser.

–¿Estás preocupada por él verdad? – Preguntó Julia acercándose a Amaya por detrás y ella se giró con brusquedad para verla. 

–En este poco tiempo que llevo cerca de él jamás lo había visto como aquella mañana, estaba desesperado Julia. –Murmuró Amaya angustiada y Julia le agarró la mano.

–¿Estás enamorada de él, Amaya? –Preguntó Julia y la vio bajar la cabeza avergonzada.

–Esto no cambia mi compromiso con la justicia Julia, cuando llegué el momento lo mandaré a la cárcel sin dudarlo. –Afirmó Amaya con vehemencia porque no quería que tuviera una idea equivocada sobre ella.

–Pero esto no cambia el hecho de que lo amas y sé que estás dispuestas a romper la ley por las personas que quieres. –Habló Julia con sinceridad, pensando en el hecho de que Amaya estaba allí acompañándola, para ayudarla a vengarse de Adela.

–¡Es diferente Julia! Tú eres una buena mujer, pero el hombre que quiero es un asesino que está dispuesto a hacer daño a mis amigos, con tal de proteger sus negocios sucios y estoy dispuesta a acabar con él antes de que vuelva a hacer daño a uno de mis compañeros. –Habló con seguridad y Julia la abrazó porque sabía que aquella situación no era fácil para su amiga y que tampoco podía hacer nada para cambiarla.

–Ha llegado la hora. –Murmuró Kelly acercándose a ellas y las tres giraron la cabeza para ver a Elena que señaló con la mirada el baño de las mujeres.

Las cuatro entraron al baño femenino que estaba lleno, pero Elena no tardó en despejar el lugar para tuviesen privacidad.

–¡Por favor, señoras, diríjanse a la salida para despejar la zona! –Anunció Elena y una señora muy elegante se acercó a ella mirándola con curiosidad.

–¿Por qué debemos salir? ¿Ha pasado algo? –Preguntó la mujer y Elena la miró con el ceño fruncido viendo que la mujer no pasaba de una vieja chismosa, entonces sacó su placa.

–¡Asuntos policiales señora, por favor le pido que se retire! –Habló con autoridad forzando una sonrisa y la mujer salió sin protestar.

–¿Se puede saber que está pasando? – Preguntó Adela bajando su vestido, pero cuando se dio cuenta de quien era levantó la cabeza con soberbia intentando disimular su sorpresa. – ¿Tú? – Preguntó mirando a Julia con indiferencia y después miró a Kelly extrañada cuando la vio cerrar la puerta del baño. –¿Has venido a este lugar para personas elegantes acompañada de esta? – Interrogó mirando a Kelly con asco. –Definitivamente la elegancia no es para cualquiera, por más seas una futura duquesa siempre estarás rodeada de la gentuza, esa cucaracha que merece ser aplastada.

Tiene gracia que hables de aplastar cucarachas, porque tengo una justamente delante y estoy loca por aplastarla. –Murmuró Julia acercándose a ella y Adela intentó alejarse para salir del baño ignorándola, pero Julia la agarró del brazo con fuerza.

–Querida deberías soltarme, aunque seas un indígena ahora tienes un apellido que preservar, así que no querrás montar un escándalo para ensuciar el nombre de tu querida abuelita. – Escupió Adela mirando la mano de Julia en su brazo y después se soltó con brusquedad. –No me quedan dudas de que siempre seré superior a ti, indígena inmunda.

–¡Por mí te puedes quedar en tu maldit* pedestal, porque yo prefiero enseñarte como tratamos a las zorras como tú en mi “tribu”! –Exclamó Julia y le pegó la primera bofetada.

Adela sintió todo el peso de la mano de Julia en su rostro y se quedó aturdida unos segundos, después se giró para mirarse en el espejo y vio la marca que había dejado en su cara los anillos de Julia y su labio que comenzaba a sangrar.

–¡¡¡¿Qué has hecho maldit* desgraciada?!!!!–Exclamó Adela girándose para ver a Julia, pero esta solo volvió a pegarla con más fuerza tirándola al suelo. –¡Zorra maldi…!

Adela no pudo continuar porque Julia se sentó sobre ella golpeándola en la cara con la mano cerrada y la mujer comenzó a gritar pidiendo socorro mientras que Amaya se sentó sobre el lavamanos observando toda la escena con satisfacción.

–¡¡Perra maldit*, Zorra envidiosa!!–Exclamaba Julia mientras que la golpeada, sin importarse con el hecho de que el rostro de Adela comenzaba a mancharse de sangre por las piedras de sus anillos.

–¡¡¡Suéltame…Socorro… que …Ahh que alguien me ayude!!!–Gritaba Adela desesperada intentando mover sus brazos, pero Julia había puesto las rodillas sobre ellos y los presionaba con fuerza para que Adela no pudiera escapar.

–¡¡¡¿Ayuda zorra?!! ¡¡¡¿Quieres vengan para darte la ayuda que tú has negado a tantas mujeres?!!!–Gritó Julia mordiéndose los labios hasta hacerse sangre golpeándola con rabia, ella solo quería hacerla daño y que pagará por todo lo que le había hecho.

Adela sentía como su cabeza golpeada en el suelo con cada golpe que Julia le propinaba, el olor de su propia sangre que escurría por su cara, el dolor de los cortes que ella misma se había hecho en su lengua mientras que soportaba cada puñetazo que recibía.

Hasta que Julia se sintió cansada de golpearla y se puso de pie viendo como Adela se arrastraba por el suelo intentando alejarse de ella. Julia la vio darse la vuelta para intentar gatear hasta la puerta, pero Elena la agarró por sus cabellos y la lanzó de vuelta al lugar donde estaba, cerca de Julia.

–Te…voy aaaaa…denunciaaar…por…por …por esto. –Intentó hablar Adela y Amaya se agachó a su lado.

–Cuando quieras te estaremos esperando “querida”, deja que me presente. Yo soy la fiscal Amaya Navarro y la señorita que está justo detrás de ti. –Adela se giró para ver a Elena que se reía con sorna. – Es la agente González.

Ella…me …me está …atac…atacando. –Balbuceó Adela y esta vez fue Kelly la que la agarró de los cabellos.

–¡¡Ella no perra maldit*, ELLAS!!–Vociferó Kelly golpeando la cara de Adela contra el suelo y esta se quedó en el suelo aturdida, sintiendo como todo daba vueltas a su alrededor y se giró boca arriba con su rostro casi irreconocible por la paliza que le habían dado.

–Si intentas denunciar esto señorita Valverde, yo estaré obligada a testificar que la futura Duquesa fue atacada por su persona y tuvo que defenderse. –Habló Amaya colocándose sobre Adela con las piernas abierta y tiró en la cara de la mujer una tarjeta. –Mi tarjeta de contacto, por si decide poner esa denuncia.

Amaya, Elena y Kelly se dirigieron a la salida, pero se detuvieron cuando vieron que Julia caminaba alrededor de Adela mirándola con desprecio, viéndola en aquel suelo golpeada y humillada. 

Entonces Julia se agachó a su lado y agarró los cabellos de Adela en un puño, para acercarla a su cara.

–Huye Adela, ¡huye muy lejos de aquí! Aprovecha esta oportunidad que te estoy dando, porque yo no pienso parar hasta verte hundida, encerrada en una cárcel pudriéndote, pagando por todo lo que me hiciste a mí y a mi familia. –Susurró Julia mirándola con asco. – Y a pesar de todo lo que has intentado hacer para separarnos, Hugo ha vuelto a ser mío…bueno, en verdad jamás ha dejado de ser mío, así que olvídate de él y dejarnos en paz.

Las cuatro abandonaron el baño como si nada hubiera pasado dejando la puerta abierta y las personas que estaban afuera asomaron la cabeza por la puerta viendo a Adela tirada en el suelo, con toda su cara bañada en sangre y cuando Elena pasó por el personal de la seguridad le entregó al jefe de ellos un sobre con dinero, en “agradecimiento” por no haberse metido en los asuntos de la duquesa.

Cuando llegaron al aparcamiento Kelly se acercó a Julia para hacerla subirse al coche, pero esta se negó.

–Julia debemos volver a la mansión, necesitas descansar. –Habló Amaya intentar convencerla, pero ella volvió a negarse.

–Iros vosotras, yo acabo de pedir un coche privado. – Anunció Julia y después de mucha insistencia, ella les explicó lo que necesitaba hacer, entonces las tres se marcharon tranquilas porque sabían a donde Julia quería ir.

Hugo estaba en su salón tomando una copa de whisky, recordando todo lo que había escuchado de la boca de aquellas mujeres en la mansión de Julia y se cuestionó por todas las cosas que había hecho mal en su vida y hasta ciertas amistades que tenía, porque algunas de las chicas habían mencionado a varios conocidos suyos que estaban involucrados en las violaciones y se preguntó cómo pudo haber sido tan ingenuo para no darse cuenta de que aquellas cosas habían pasado tan cerca de él. Entonces de repente el timbre de la entrada sonó y Hugo fue abrirla. 

¡Julia! –Exclamó Hugo sorprendido y ella entró a la casa sin decirle nada. –¿Bebé qué estás haciendo aquí? – Preguntó Hugo mirándola de arriba abajo y se asustó cuando vio la sangre en sus nudillos.

–¡No preguntes! – Pidió Julia mirándolo a los ojos y Hugo la miró escandalizado.

–¿Cómo que no pregunte Julia? –La interrogó Hugo preocupado agarrando su mano verla bien. –Mi mujer llega a mi casa con los nudillos reventados y no quieres que pregunte que ha pasado? ¿Qué pretendes que haga entonces?

–¡Que me folles, como jamás has follado a nadie en tu vida, porque ahora mismo lo único que necesito es tenerte bien enterrado dentro de mí para no pensar en nada más!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *