Categorías
Amor en juego

🔒 Capítulo 42: Me uno a los selfies.

Log in or Register to save this content for later.

Tony estaba preparado para quitarle las bragas a Julia cuando la puerta de la habitación se abrió de repente sobresaltándolo y Camille miró a Adela asustada. La chica estaba lista para explicarle lo que estaba pasando allí y que tuvo que ayudar a Tony en contra de su voluntad cuando Adela habló primero.

–¡¡¡¿Se puede saber que está haciendo está aquí?!!!–Exclamó Adela furiosa mirando a Camille, que no tardó en darse cuenta de que la periodista estaba involucrada en los planes de Tony.

–Necesitaba ayuda para drogar a la niñita, o esperabas que le dijera “Ven aquí Julita y toma un caramelito” –Espetó apartándose de Julia suspirando con fastidio.

–¡Me tienes que avisar con antelación cuando quieras involucrar a alguien más estúpido! Si somos muchos nos atrapan con facilidad, porque siempre habrá alguno que suelte la lengua. –Vociferó Adela caminado hasta el enorme ventanal de la habitación para abrir las cortinas y miró a Camille con indiferencia cuando pasó por ella.

–Tranquila que yo sé cómo mantener a esa con la boquita cerrada, ¿verdad que sí ma chère? – Espetó Tony mirando a Camille con una sonrisa maliciosa y ella giró la cara para no tener que verlo.

 –¡Más te vale que sea así Tony! Ahora ponte bien en la cama con la indígena, que un fotógrafo de mi confianza está en el edificio de enfrente listo para comenzar a sacar las fotos. –Ordenó Adela y Tony miró por el ventanal viendo en la ventana de edificio que había justo de la delante de la de ellos la silueta de un hombre que parecía saludar de lejos con la mano.

–¡¡¡Criticas que meta a una segunda persona en el plan, pero tú no me habías dicho nada de ningún fotógrafo!!!–Se quejó Tony exasperado. –Pensaba que las fotos las tomaría yo, después de que terminará de jugar con ella.

–Claro que sí imbécil, también si quieres me uno a los “selfies”, ¡¿Qué te parece?!–Contestó Adela con sarcasmo poniendo los ojos en blanco. – Esto tiene que parecer real, si te haces unas fotos con la indígena dormida y con tu teléfono móvil cualquiera se dará cuenta de que está drogada, te falta inteligencia, por eso eres jugador de fútbol. –Lo espetó mirando a Julia con desprecio. – ¡Anda espabila, tenemos que ser rápidos! –Lo apremió Adela acercándose a ellos para levantar a Julia.

–¡¡Todavía no la he tocado, me prometiste que sería mía!!–Exclamó Tony enfurecido mientras que Adela le arreglaba el cabello a Julia.

–¡¡No es mi culpa que hayas tardado tanto!! ¡¡Si querías una noche de nupcias tenías que haber sido más rápido!! –Lo reprochó Adela mirándolo fijamente. – Ahora ya no nos queda más tiempo. El chofer de Hugo me acaba de llamar para avisar que la ama de llaves está regresando a la casa. Adara pagó a una amiga de la madre de Mercedes para que le echará a la vieja un laxante bien fuerte en la comida y con la edad que tiene obviamente se ha puesto muy mal. La idea era que la ama de llaves se quedará con su madre para cuidarla, pero al parecer llamó a Hugo que le pidió que llevará a la anciana a su mansión, para que estuviera más cómoda y avisó al chofer para saber si podía ir a buscarlas, pero él utilizó la excusa de que Julia ya estaba a punto de regresar a la casa y lo necesitaría, con eso ganamos tiempo. La madre vive en un pueblo a las afueras de Madrid, así que debemos ser rápidos. Esa estúpida debe estar en su cama antes de que llegue la chismosa de Mercedes a la mansión. –Explicó Adela dando el “OK” al fotógrafo con la mano para que comenzará a hacer su trabajo y Tony asintió enojado.

Tony posó con Julia en varias posturas comprometedoras, certificándose de taparle la cara para que no se viera que estaba completamente dormida y Adela lo ayudaba en todo mientras que Camille los miraba asqueada, hasta que la periodista se cansó de verle la cara a la francesa y la echó.

Después vistieron a Julia y Tony miró el anillo de compromiso que llevaba puesto Julia y decidió quitárselo sin que Adela se diera cuenta. Los dos bajaron, Tony con Julia en sus brazos, siguiendo al empleado que los había ayudado antes, hasta la parte trasera del hotel para no ser vistos.

Aparcado en una zona con poca claridad estaba el chofer de Hugo esperando por ellos, y los ayudó a meter a Julia en el asiento trasero del coche con agilidad, mirando a los lados para estar seguro de que no hubiera ningún testigo. Adela le entregó un sobre con una buena suma de dinero y después de guardarlo en la chaqueta de su uniforme, Hernán se montó al coche para regresar a la mansión.

Hernán llegó a la residencia de Hugo y aparcó el coche en la entrada, mirando bien las ventanas desde fuera para estar seguro de que todo seguía apagado y que Mercedes todavía no había regresado.

 El chofer entró en la mansión cargando a Julia en sus brazos y la llevó hasta la habitación principal, donde la acomodó sobre la cama. Hernán dio un par de vueltas mirando a la chica pensando en lo que Adela le había ordenado.

La periodista había sido muy clara al decir que él debía quitarle la ropa a Julia y ponerle un pijama, ya que por la mañana ella no recordaría absolutamente nada y despertar con la misma ropa de la noche anterior, solo serviría para asustarla más.

El chofer entró al closet y abrió todos los cajones hasta encontrar los pijamas de Julia. Eligió un camisón de seda y regresó al dormitorio. Suspiró con fastidio mirando a la chica dormida y tan desprotegida, sabía que no valía nada por aceptar el dinero de Adela, pero tampoco era de los hombres que se aprovechaban de las mujeres. Entonces se acercó a Julia y le fue quitando el vestido como pudo, mirando apenas cuando era necesario.

Hernán terminó de vestirla con el camisón y la metió debajo de la sabana. El chofer caminó hasta la puerta donde se paró para echarle un último vistazo y después abandonó la habitación.

Cuando Hernán estaba llegando a la entrada, Mercedes entró de repente con su madre y un taxista que las ayudaba, cuando vio al chofer lo miró sorprendida y frunció el ceño porque no imaginaba que podría estar haciendo él allí, ya que normalmente Hernán evitaba entrar en la mansión.

–¿Qué estás haciendo aquí Hernán? –Preguntó Mercedes mirándolo con desconfianza agarrada del brazo de su madre y el hombre pasó la mano por la cabeza con nerviosismo intentando pensar en alguna excusa para darle rápidamente.

–Pues Merche, la verdad es que estaba muerto de hambre y entré para buscar algo en la cocina, perdóname si lo hice mal. –Mintió Hernán fingiendo estar avergonzado.

–Bueno no te preocupes, sí tenías hambre hiciste bien en entrar aquí. –Contestó Mercedes mirándolo detenidamente y continuó. – Ayúdame con la maleta de mi madre Hernán, si eres tan amable –Pidió Mercedes y él no tardó en acercarse a ella para ayudarla.

 Los tres caminaron hasta las habitaciones que había en la planta baja para dejar las cosas de la anciana en la más cercana a la de su hija. Después Hernán salió de la casa y suspiró aliviado saliendo de la casa mientras que Mercedes seguía sus movimientos desde la ventana de la cocina.

Ella miró los armarios, la nevera y hasta una tarta que había dejado dentro del horno, todo estaba exactamente como ella había dejado y eso le resultó muy extraño. Entonces la ama de llaves decidió subir a la habitación principal para ver si Julia ya estaba dormida.

Cuando Mercedes entró a la habitación la vio dormida en la cama. Miró alrededor y le sorprendió ver el vestido que Julia había utilizado para la gala encima del sillón. No era algo habitual, ya que Julia solía ser muy organizada y siempre dejaba todo muy bien ordenado, hasta el collar que era tan valioso estaba tirado encima de su tocador.

 Mercedes se quedó pensativa unos instantes y después abandonó la habitación pensando que seguramente la joven había llegado cansada, pero esa noche no durmió bien pensando en todas las cosas raras que habían pasado. Desde su madre que había confundido sus pastillas para la tensión con pastillas de laxante después de recibir la visita de una amiga que no veía desde hacía años hasta la cocina intacta donde Hernán supuestamente había entrado buscando algo para comer.

Al día siguiente Julia abrió los ojos, pero le dolió tanto que volvió a cerrarlos y se llevó las manos a la cabeza porque le dolía mucho. Intentó incorporarse un poco, pero se mareó, entonces volvió a acostarse. Intentó abrir despacio los ojos mirando el techo de la habitación hasta poder ver con claridad.

Ella no sabía cómo había llegado a la habitación, ni siquiera recordaba en qué momento había abandonado el hotel y todo le daba vueltas, su cabeza estaba hecha un caos. Cuando por fin pudo sentarse en la cama miró alrededor e intentó forzar su mente a recordar lo que había pasado en la noche anterior, pero su último recuerdo era el rostro de Camille en la terraza del Riu y después de eso no había nada más.

Julia se levantó de la cama intentando mantenerse de pie, porque hasta las piernas le fallaban y se agarró a los muebles del dormitorio para llegar al baño. Decidió darse una ducha y cuando se estaba quitando la ropa, se fijó de que no llevaba puesto su anillo de compromiso, y se preguntó dónde lo había dejado.

Aún estando mareada Julia regresó al dormitorio como pudo para buscar su anillo, pero no lo encontró por ninguna parte. Se sentó en la cama llevándose las manos a la cabeza preocupada y murmuró.

–¿Dios mío dónde está mi anillo? ¿Y por qué no recuerdo nada?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *